En una nueva era en la que la competencia comunicativa se ha convertido en una de las grandes necesidades de cualquier ciudadano, la escuela no puede mirar hacia otro lado ante el reto de educar personas competentes, resolutivas y generadoras de valor.

Aitor Uriondo, Director de Axular Lizeoa en nuestro blog.

La interacción entre individuos y colectivos, el correcto uso de herramientas orientadas al mundo “off line” y “on line”, o simplemente la acción práctica de despertar la curiosidad en el otro, son valores que cotizan al alza.

Dotar a nuestros/as jóvenes de las capacidades y conocimientos que respondan a las necesidades reales “del mercado”, es una obligación innegociable para nosotros/as. Cuando hablamos de mercado, nos referimos al entorno, al ecosistema social y familiar. Es decir, ese hábitat en el que vive, crece y se desarrolla nuestro niño/a o joven ciudadano.

Adquirir conocimiento es importante; tratar, adaptar e interpretar dicho conocimiento pasa a ser necesario; y por supuesto dotar de herramientas que permitan captar, entender, interiorizar y transferir aquello que permita crecer a nuestros/as alumnos/as se ha convertido en indispensable.

Hablar de una comunicación transformadora, inspiradora y a su vez educadora supone tener presente al comunicador y al receptor durante el “viaje” que lleva a cabo cualquier mensaje. El objetivo principal de la acción comunicativa debe de pasar por la alineación de los canales que deben de unir a ambos agentes. Uno/a lanza, que no arroja, un mensaje para que el/la otro/a reciba dicho “regalo” en condiciones óptimas para poder saborearlo, entenderlo y reconocerlo.

Cuando hablamos de comunicación inspiradora pensamos en la capacidad para estimular por parte del docente todos aquellos sentidos y emociones que permiten y aceleran el proceso de aprendizaje. Proceso en el que debemos de indagar y contrastar para favorecer a todo aquel individuo que quiere aprender, y sobretodo motivar y despertar al que no quiere favorecer el aprendizaje.

Hablamos de edades en las que la protección y cuidado del menor pasa por mimar, alimentar y vitaminar todos aquellos procesos necesarios para su crecimiento y desarrollo personal.

Ante ello, una de nuestras obligaciones pasa por cuestionar, preguntar y reflexionar sobre los procesos, metodologías y propuestas que llevamos a cabo en el día a día. En muchos casos la inercia y el peso de una cultura escolar grabada a fuego durante décadas, nos lleva a pensar y mirar a corto plazo. También es cierto que muchos de los procesos se han reconvertido en píldoras y en estímulos inmediatos que generan respuestas cortoplacistas.

 

Neurociencia, TICs, inteligencias múltiples, aprendizaje basado en retos, aprendizaje vivencial, colaboración y cooperación,… parecen ser términos modernos e innovadores de reciente creación pero los más veteranos nos insisten que son aspectos que ya existían en el aula.

 

¿Y el Visual Thinking? ¿Existía entre las cuatro paredes que cercaban y orientaban a nuestros/as alumnos/as hacia una sola pizarra?

 

¿Y si ese aula se convirtiese en un espacio polivalente que potencie y fomente la interacción sensata que a su vez conlleve un cúmulo de experiencias personales y colectivas entre todos aquellos participantes que interactuamos en el proceso de aprendizaje?

 

En Axular Lizeoa creemos “AULAS 360º” que potencian y aceleran procesos de aprendizaje que deben de pilotar y liderar nuestros profesionales de la educación. Profesionales que deben de encontrarse con espacios y escenarios que les permita crear y construir ecosistemas que den a luz experiencias que faciliten el aprendizaje de calidad y en el que se disfrute empoderando a nuestros aprendices.  

La experiencia y alianza entre el Liceo Axular de San Sebastián y la Startup Iceberg Visual Consulting nos lleva a creer en el poder e impacto que el Visual Thinking puede llegar a tener entre las personas que se relacionan en el aula.

De la mano de su CEO Javier Miguel y su diseñadora Natale Ubillos, nuestros/as alumnos/as están descubriendo un mundo visual que permite compartir el conocimiento, fomenta la creatividad, la cooperación, la reflexión individual y grupal, dando a su vez cabida al aprendizaje constante en el arte de comunicar.

Representar un concepto, una emoción, un sentimiento o simplemente un hecho cotidiano mediante el pensamiento visual es una acción compuesta de ingredientes tan atractivos como la motivación y la creatividad.

Dotar a los mapas mentales que hemos conocido toda la vida, de una serie de códigos y un idioma fácilmente reconocible para nuestros/as alumnos/as y profesores/as, permite asimilar conceptos a veces abstractos y de difícil comprensión mediante un texto o explicación verbal.

Representar gráficamente un concepto y utilizarlo como soporte visual para una exposición pública permite desarrollar una serie de estrategias que aportan seguridad y eficacia a cualquier discurso.

Sumar estrategias e impactos visuales a la palabra o el texto, hacen que los ojos del público se abran de manera diferente.

Sintetizar la información de manera visual puede también ayudar a responder a la diversidad de nuestro aula permitiendo alcanzar ciertas metas de aprendizaje y comprensión a un tipo de alumno/a que tal vez ante registros más formales su capacidad cognitiva, espacial o simplemente su capacidad para mantener la atención no le permite captar e interiorizar aquello que sus compañeros/as lo hacen de manera innata y natural.

 

Sin duda, el Visual Thinking nos ha permitido modelar una herramienta antigua a unas necesidades actuales haciéndonos descubrir un mundo de formas y colores que permite seguir sumando a nuestro repertorio una serie de habilidades orientadas al aprendizaje.

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